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100 años de Metrópolis – Desde abajo – Noticiero express

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Hace un siglo se publicó la novela Metrópolis y un año después se llevó al cine. Catalogada como “Memoria del Mundo” por la UNESCO por su contenido humanístico y social, está considerada una de las grandes películas del expresionismo alemán y del cine mundial.

El 26 de enero de 1926 se publicó esta novela, llevada al cine en 1927. El impacto global de su texto y su traducción al lenguaje cinematográfico ha sido tan importante que dio lugar a interpretaciones y análisis a lo largo de un siglo. Tal es así que su centenario se celebra con diversos actos agrupados bajo el lema “Metrópolis 100 años de vida”. En estos eventos se proyecta la película con música en vivo, muchas veces con la copia completa, encontrada inesperadamente en nuestro país y restaurada. Esta importancia se traduce también en una profusa bibliografía sobre la película y sus contenidos, parte de ella en español, de la que esta nota es tributaria.

En la película, dirigida y coescrita por Fritz Lang, se invirtieron casi 40 millones de dólares (en aquel momento), uno de los presupuestos más altos de la historia del cine mudo. En él trabajaron 37.000 extras y el rodaje duró 310 días, incluidas 60 noches. El resultado fueron 620.000 metros de celuloide, de los cuales poco más de 4.100 quedaron efectivos. El original tuvo una duración de 153 minutos, que se quedaron en 92 tras la censura, por motivos ideológicos y comerciales, para su proyección en EE.UU. Finalmente, en la versión restaurada tiene una duración de 148 minutos.

Contexto político

Conviene situar la obra en el contexto político del que surgió la escuela expresionista alemana. Es en esa Alemania donde lucha por superar la derrota del 1º. GM. En aquel interregno (1918-1933) en el que surgió la República de Weimar, buscando recuperar la esperanza y el futuro en un estado general de desesperanza. También es el momento de la entronización de Adolf Hitler al frente del Partido Nacionalsocialista. En 1933, la victoria nazi en las elecciones puso fin al movimiento expresionista y al resto de expresiones artísticas y culturales de la época (entre ellas la Bauhaus). Luego, la caída del mercado de valores de 1929 y el comienzo de la Gran Recesión de los años treinta. Todo desembocaría en la Segunda Guerra Mundial, que pondría fin a la juerga de los “Años Locos” de las grandes potencias triunfantes del momento.

la trama

La trama sitúa la película 100 años después, en el 2026 de este siglo XXI. Se desarrolla en una gran y opulenta ciudad (Metropolis) caracterizada por sus enormes rascacielos, extensos paisajes urbanos y las tensiones propias de la sociedad industrial. En la superficie de esa ciudad del futuro, la clase dominante y su élite intelectual viven y reproducen su riqueza, viendo el mundo desde lo alto de los grandes edificios, mientras que en el subsuelo, donde se ubica la gran maquinaria industrial, la clase dominada vive y busca sobrevivir. Son los trabajadores que fabrican las máquinas que mantienen la ciudad en movimiento, que viven como prisioneros, ya que no están autorizados a subir a la superficie.

La figura femenina de la película encarna a una joven idealista que busca atemperar las contradicciones y arbitrar entre estos dos mundos opuestos. El hijo del capitalista dueño de la ciudad se enamora de la joven, lo que le permite acercarse al mundo subterráneo y descubrir las condiciones de explotación y maltrato de los subordinados por parte de quienes viven en la superficie. Él se une a ella y es el protagonista que desbloquea la situación.

Cuando crece el descontento y la rebelión entre los de abajo, los de arriba crean un robot humanoide con el que sustituyen a la joven. Este robot empujará a los trabajadores a rebelarse contra los de arriba, lo que será la excusa buscada para la represión (cualquier parecido con nuestra realidad no es simple coincidencia). Finalmente el agua se desborda, los incendios se propagan y la ciudad, presa del caos, queda destruida. Los trabajadores prendieron fuego al robot. En última instancia, ambas partes resultan perjudicadas. Los amantes instan a los trabajadores a encontrar una solución que concuerde con los dos sectores en conflicto, mientras esperan la llegada del mediador. El mensaje es “El mediador entre el cerebro (los de arriba) y las manos (los de abajo) es el corazón”.

Varios autores relatan que Hitler quedó muy satisfecho con la película, especialmente con el mensaje final, ya que vio en ella una alianza empresarial mediada por el Estado. Lang negó que su película fuera una crítica directa y anticipada al nazismo pero es innegable que retoma muchos de los problemas y temas que se discutían en aquel momento. Especialmente el relacionado con el mito del líder totalitario (el capitalismo de este siglo ha generado numerosos líderes autoritarios que llegan al poder, como Hitler, a través del régimen de la democracia liberal).

Ya exiliado en EE.UU., Lang (director), que escribió el guión en colaboración con Thea von Harbou (editora del texto original y su esposa) confesó no estar de acuerdo con el final de la película. Se justificó aclarando que se había dedicado casi exclusivamente a retratar la magnificencia y la opulencia de la gran ciudad (incluso recurriendo a cuestiones técnicas muy especiales para crear modelos muy realistas y utilizando una cámara giroscópica que permitía filmar en unos estables 360°) y que dejaba la trama a von Harbou. No es un hecho menor que una vez divorciada, la mujer se quedó en Alemania y se unió al régimen nazi.

Por tanto, la película puede verse como un anticipo del futuro. Como crítica a las condiciones de explotación y desigualdades sociales de la sociedad industrializada de aquella época, pero también como advertencia sobre el totalitarismo y la manipulación de las masas a través de la propaganda y la desinformación, donde la tecnología y la eficiencia se toman como valores supremos (algo muy presente hoy en día).

La historia no se repite, excepto una vez como comedia y otra como tragedia. Pero la película merece ser vista por las nuevas generaciones, analizada y debatida de forma actual. Hoy ya no son los robots sino los algoritmos, las redes, los me gusta y quién sabe qué novedades nos deparará el futuro inmediato, los que optimizan el rendimiento al mismo tiempo que todo pierde sentido.

Verlo en términos de este momento difícil que atravesamos, que tiene demasiados puntos de contacto con el pasado, puede ser un buen ejercicio para pensar en el futuro.

19/01/2026

Eduardo Lucita Es integrante del colectivo EDI – Economistas de Izquierda – en Argentina

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