El pasado 9 de enero falleció en Bogotá uno de los artistas más destacados del país. A su obra plástica, no exenta de polémica por sus connotaciones políticas críticas, supo sumar una cuidadosa investigación sobre la historia del arte colombiano y una atenta labor curatorial, todo lo cual la convirtió en una figura fundamental de la educación, para una transición fructífera al siglo XXI.
No sé qué se escribe en estos casos. La pérdida de una personalidad cultural como Beatriz González de Ripoll invita a la grandilocuencia o a los ensayos biográficos, cuando no a las diatribas estériles y hasta maliciosas. Quienes tuvimos la invaluable oportunidad de trabajar y estrechar una relación con ella, más allá de lo puramente laboral, encontramos una personalidad compleja y franca que no escatimó críticas ni se enredó en la maraña de las engañosas “buenas maneras” capitalinas. Ante el desfile de recuerdos, artículos y vídeos de todo tipo que han surgido desde su muerte, la sensación que queda es la de un panegírico sin fisuras ni lagunas de ningún tipo. Como si fuera una persona distante, aislada en los meandros del arte, la academia y la política cultural. Pero estos homenajes sólo reflejan la parte más conocida de su vida pública, dedicada al arte, dejando de lado su vínculo con el museo.
Más allá de eso, poco se sabe de lo que significó trabajar al lado de una persona rigurosa y estricta hasta el último detalle, no exenta de un humor ácido y de una cierta melancolía que en ocasiones daba la sensación de un soliloquio. Por ello es importante pensar tanto en la faceta artística de Beatriz González como en sus inquietudes como historiadora, investigadora y formadora de museos. Todo lo cual resulta coherente en quien decía ser alumno de Marta Traba, una figura controvertida como pocas, para quien la investigación se debía a un público que merecía respeto y calidad. Más allá de las polémicas entre nacionalistas e internacionalistas que recorren el legado de la intelectual argentina, es innegable que sus esfuerzos por acercar el arte a una audiencia masiva -como lo hizo desde la Televisión Nacional- marcaron la pauta del trabajo realizado por González a favor del patrimonio colombiano. Lo interesante de este vínculo entre historia del arte y crítica es que resultó ser el origen de la obra plástica e intelectual de una joven artista bumanguesa, que siempre se definió como una pintora provinciana.
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