— En un entorno marcado por la disrupción tecnológica, la inteligencia artificial generativa y los consumidores hiperconectados, la agilidad ha pasado de ser una tendencia a un enfoque estratégico. Con más de 30 años de experiencia en formulación y gestión de proyectos, el Dr. Fernando Torres Granadillo, Profesor de… BIU Universidad de Miami(Broward International University) explica que el desarrollo de metodologías ágiles se debe a las limitaciones del modelo tradicional en cascada, que poco a poco se fue distanciando del usuario final y del valor real que debía entregar cada proyecto. “Hoy no se trata sólo de implementar el plan, sino de construir soluciones junto al cliente, con posibilidad de adaptación y aprendizaje continuo”, afirma el experto. A continuación se presentan cinco razones clave que impulsan esta transformación:
1. Mayor proximidad al cliente y entrega de valor real: Las metodologías ágiles implican un feedback constante de los usuarios durante todo el proceso. Gracias a esto, podrás corregir avances, corregir desviaciones y estar seguro de que el producto final cumplirá con las expectativas reales. No es coincidencia que, según The 2025 Business Agility Report, el 86% de las organizaciones que avanzan en agilidad vean beneficios tangibles, especialmente en la satisfacción del cliente y el desempeño empresarial. Además, en empresas con mayor madurez Agile, la probabilidad de recomendar la organización aumenta un 30%, lo que es un indicador directo de confianza y reputación.
2. Reducir el tiempo de comercialización: Según datos citados por el Dr. Torres, en mercados altamente competitivos, los equipos que utilizan principios ágiles pueden reducir el tiempo de comercialización hasta un 40% en promedio. A nivel financiero, el mismo informe muestra que las organizaciones que aumentaron su madurez ágil en los últimos 12 meses vieron un aumento de los ingresos por empleado del 10,3% en comparación con el promedio general del 5,1%. Incluso al analizar los datos de 2018 a 2025, las empresas ágiles experimentaron un aumento promedio en sus resultados financieros del 33,2%. «Velocidad no es improvisación; es capacidad de respuesta basada en la iteración y la verificación constante», explica Torres.
3. Adaptación en entornos de alta incertidumbre: Después de la pandemia, sectores como la salud, la educación y la manufactura han acelerado la adopción de enfoques ágiles. El mundo está más fragmentado, los ciclos de consumo son más cortos y el impacto de las tecnologías digitales está redefiniendo los mercados en tiempo real. La flexibilidad le permite adaptar su estrategia frente a movimientos competitivos o cambios regulatorios sin comprometer la dirección estratégica.
4. Mayor productividad y eficiencia operativa: La agilidad no sólo mejora las relaciones con los clientes, sino que también optimiza los procesos internos. Según el Business Agility Report 2025, la capacidad de “separar eficazmente los flujos de trabajo” ha mejorado un 6 % a nivel mundial, lo que permite simplificar las estructuras y reducir los cuellos de botella. Además, la investigación de McKinsey indica que las organizaciones que implementan la agilidad a gran escala pueden aumentar su productividad en aproximadamente un 25 %. «La velocidad no es improvisación; es la capacidad de responder a partir de la iteración y el aprendizaje», afirma Torres.
5. Evolución del liderazgo y cultura organizacional: Agilidad significa un profundo cambio cultural. El liderazgo pasa de centrarse en el control a centrarse en facilitar, habilitar y distribuir el poder. Equipos multifuncionales y autoorganizados toman decisiones conjuntas, con el cliente en el centro del proceso. “Ser ágil no se trata sólo de utilizar Scrum o Kanban, se trata de desarrollar la capacidad de adaptarse y aportar valor como cultura organizacional”, afirma el experto de BIU.
¿Qué pasa si la empresa no se transforma? Mantener estructuras jerárquicas rígidas en un entorno inestable puede conducir a una pérdida progresiva de competitividad. Las organizaciones que no evolucionan tienden a reaccionar más lentamente, acumular estructuras de costos pesadas y desconectarse del mercado. “La desaparición no se produce de la noche a la mañana, sino que se produce de forma paulatina a medida que se va perdiendo la capacidad de adaptación”, advierte Torres.
Además, uno de los errores más comunes es confundir agilidad con velocidad o implementar el llamado “Scrum Teatral”, apegándose externamente a ceremonias ágiles, pero manteniendo internamente una lógica de gestión rígida y tradicional. La verdadera agilidad implica adaptación, aprendizaje continuo, mejora continua y orientación al cliente.
Los marcos más utilizados incluyen:
- Melé: el framework ágil más extendido, basado en iteraciones cortas (sprints) con reuniones diarias, revisiones y retrospectivas que permiten ajustes continuos.
- Kanban: una herramienta visual que facilita la gestión de tareas y agiliza el trabajo.
- Sprint de diseño: una metodología intensiva que permite validar ideas en tan solo cinco días, reduciendo el riesgo y la inversión.
- Inicio ágil: Útil para definir el objetivo, el grupo objetivo y la propuesta de valor.
- Programación extrema (XP): se centra en la calidad técnica, la estrecha cooperación con el cliente y las entregas funcionales tempranas.
Todos ellos están respaldados por los pilares del Manifiesto Ágil: equipos multifuncionales, entrega de valor incremental, mejora continua, apertura al cambio y presencia del cliente durante todo el proceso.
De cara a los próximos cinco años, la agilidad se está convirtiendo menos en una ventaja opcional y más en un requisito esencial. En un entorno dominado por la inteligencia artificial, la automatización y los mercados cambiantes, las organizaciones que desarrollen esta calidad establecerán los estándares en productos y servicios.
La formación de BIU en liderazgo estratégico, innovación y gestión de proyectos tiene como objetivo formar especialistas capaces de impulsar este cambio cultural. Porque en la economía actual, la cuestión ya no es si una empresa puede permitirse el lujo de ser ágil, sino si puede permitirse el lujo de no serlo.
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